viernes, agosto 17, 2007

EL SUEÑO DE DIOS

(este es el cuento que el Grupo Danzángel escenificó en la UCV en el mes de mayo)
 


En el principio del tiempo, la Hermana Eternidad permanecía en el caos. Los elementos estaban amalgamados: grandes volutas de agua, tierra, minerales, gases, fuego y aire estremecían el Universo… Sólo DIOS, cuyo nombre primigenio era ÉL, era vida contenedora de simiente de vidas, sólo DIOS sustentaba su propia existencia como el SER.
La Eternidad no es un tiempo detenido, la Eternidad es un fluir permanente de energía, de aconteceres cósmicos que no tienen explicación humana. Pues, en esa Eternidad DIOS, el Padre que también es Madre, conocida como ELAT, habló, y su Voz retumbó en los confines de la Eternidad: “Es tiempo de crear el Universo”, dijo.
La Gloria de DIOS, flotaba sobre las aguas conteniendo la Historia de la Creación. Y Ella respondió: “Es tiempo”.
Entonces la palabra secreta fue decretada desde el Corazón de DIOS, la palabra que había permanecido oculta en la memoria de la hermana Eternidad.
Y DIOS dijo: “FIAT”, que quiere decir “¡Hágase!”, y todos los elementos comenzaron a ordenarse según DIOS iba manifestando su Voluntad. Entonces el Padre creó las galaxias, las estrellas, las nebulosas y los sistemas solares y entre ellos el nuestro, y, por consiguiente, a nuestro querido planeta Tierra. La Luz y las tinieblas se separaron, y se hizo el día y la noche; las aguas se separaron de la tierra, y se hicieron los océanos y los ríos y los lagos, las praderas, las montañas, los bosques y los desiertos. Del “Soplo de Vida Celestial”, brotaba cada creación como un capullo y luego se expandía donde DIOS ordenaba.
Él observaba cada creación con suma ternura, pero faltaba algo… Entonces Dios en su aspecto de Madre, manifestó que faltaban los Seres Perfectos. El Padre sonrió:
“Es cierto”, dijo, y de su mente creadora y del corazón de la Madre surgieron los ángeles, seres perfectos, hermosos, sabios, servidores de DIOS.
Pero aún así, DIOS, que era conocido en el Infinito como ÉL, sintió que faltaba algo… Miró su creación llena de plenitud celestial y suspirando profundamente dijo a su mitad femenina ELAT: “¡Ya sé, Rosa del Infinito, Paloma Blanca del Cosmos! Todos estos seres son nuestra creación, pero no tenemos hijos”.
Y ambos, que son dos y uno, fusionaron sus esencias y cientos, miles, millones de almas comenzaron a nacer en el Universo, y todas abrazadas formaron el Gran Círculo de DIOS: la Raza Humana.
DIOS reía encantado ¡Ahora sí era la Creación Perfecta! ¡Ahora sí podía descansar! Y DIOS descansó en el gozo de su creación.
“¡Es maravilloso!” dijo “Ahora tenemos herederos universales, ahora las galaxias acogerán a los seres humanos. Realmente será la maravilla verlos crecer y evolucionar hasta heredar el Reino de DIOS”.
DIOS reía feliz porque ahora se cumpliría su sueño y poco a poco quedó en éxtasis arrullado por la hermana Eternidad que inició una danza de agradecimiento para el Creador, con las almas humanas.
Así fueron creadas las almas humanas, y DIOS, ÉL, el Padre que también es ELAT, la Madre, envió a sus hijos a diferentes galaxias y sistemas solares para su evolución.
Los creó entonces como hombre y mujer encarnados, para que poblaran la Tierra y reinaran sobre ella… Y aquí y allá, fue surgiendo la raza humana: unos eran del color de la Tierra de pieles de penumbra, otros, eran del color de las aguas de ojos y cabellos claros, otros, amarillos de ojos oblicuos y oscuros cabellos, otros aceitunados, otros de piel rojiza y otros blancos de ojos y cabellos muy oscuros. ¡La vida humana había comenzado en la Tierra!
Ya la flora y la fauna aguardaban a los herederos desde hacía eones de tiempo. Entonces los hombres y mujeres primitivos danzaron saludando a la flora y a la fauna, y a los cuatro elementos: fuego, tierra, agua y aire.
Poco a poco los seres humanos fueron evolucionando y, de una y otra forma, imitando a sus Padres Celestiales, y de aquellas primitivas pieles y fibras vegetales, creaban nuevas formas de vestimentas, salieron de las cuevas y fabricaron viviendas, crearon utensilios para su confort, inventaron la escritura, crearon diversas formas de culto para alabar a su Creador o a sus divinidades según tuvieron sus creencias y desarrollaron las ciencias y las artes. El mundo era de la raza humana y ésta reinaba sobre ella.
Pero, paralelamente a esta evolución, algunos seres humanos descubrieron el poder y se envilecieron con él, esclavizando a sus hermanos, apoderándose de tierras y pertenencias que hasta el momento habían sido de todos. Entonces, las armas de caza se volvieron armas de guerra que empezaron a perfeccionar cada vez más, para someter a hombres, mujeres y niños.
Y así, los seres humanos, desviaron el “Sueño de DIOS” para heredar el Reino y se convirtieron en seres sanguinarios, llegando incluso a utilizar el nombre de su Creador como bandera de guerra.
Poco a poco, muchos seres humanos fueron descubriendo que con las hierbas sagradas y bebidas fermentadas, podía desconectarse de la realidad y crearon las drogas el alcohol y con ellos grandes imperios para destruir a sus congéneres. Pero la locura humana no quedó allí y el preciado placer de la procreación, se convirtió en locura sexual.
DIOS, Padre-Madre, cuyo nombre primigenio era ÉL-ELAT, observaba con profunda tristeza a sus herederos. Eran muchas guerras, destrucciones, hambre, injusticias, maltratos, dolor, que habían encadenado al hombre para siempre.
Muchas veces los humanos lograban liberarse y algunos volvían a su cauce, pero otros volvían a caer una y otra vez. Y una y otra vez entre hermanos volvían a pelear y a declararse la guerra, enfrentándose nación contra nación, hasta que un día se dio la gran guerra, dejando muerte, dolor, confusión…Y se oscureció el cielo y el hombre desapareció al hombre de la faz de la Tierra.
DIOS, Padre-Madre, cuyo nombre primigenio era ÉL-ELAT, vio desde lo alto la destrucción y Su Corazón sintió que su sueño había sido destruido.
Lloró entonces con tanto dolor que sus lágrimas comenzaron a caer profusamente sobre la Tierra durante cuarenta días y cuarenta noches. Pero no era la lluvia que fue conocida en un principio de la historia del planeta como “el Diluvio”, no era una lluvia destructora, al contrario, era una lluvia restauradora, DIOS Padre-Madre, cuyo nombre primigenio era ÉL-ELOHÁ, lloraba la pérdida de sus hijos y de sus hijas.
El día cuarenta cesó de llover, y el sol salió más radiante que nunca. Entonces los ángeles por orden de DIOS, Padre-Madre, cuyo nombre primigenio era ÉL-ELAT, hicieron sonar sus trompetas por los confines de la Tierra, y la vida vegetal volvió a brotar hermosa como la más radiante primavera jamás vista, y la fauna volvió a restablecerse, y los seres humanos comenzaron a despertar después de aquella terrible pesadilla. Y todos volvieron a la vida por el prodigio del AMOR DE DIOS, entonces los herederos se abrazaron y sellando sus corazones, prometieron nunca más destruirse ni destruir la Tierra, e hicieron el gran Fuego, el Fuego Sagrado que ardería por siempre como símbolo de unidad, y danzaron alrededor de él en el nuevo día que está escrito en el Corazón de DIOS, Padre-Madre, cuyo nombre primigenio es ÉL-ELAT.

Les invitamos para este sábado 18 del presente mes al Centro Comercial Buenaventura, donde estaremos presentando este cuento para el público a las 3 de la tarde. ¡No falten a esta cita con la Danza Sagrada!